Atiendo pacientes desde hace casi dos décadas.
Entran al consultorio con análisis en la mano. Colesterol en el límite. Glucosa borderline. Hígado graso en la ecografía.
Han bajado el pan. Caminan. Toman agua.
Y aun así se sienten pesados. Con la panza que no cede. Con energía que se agota antes del mediodía.
"Doctor, hago todo bien. No entiendo qué pasa."
Lo que casi ningún médico les dice es que el problema no está en sus hábitos.
Está en un órgano que trabaja por encima de su capacidad hace años, en silencio.